Inicio | ¿Sidebar? | RSS

Recuerdos para después de tu muerte

Cuando mueras sabré que acabaron las últimas oportunidades. Igual, desde hace varios años cargo con la pena de saber que nunca vas a poder aprovechar... pero así somos; negamos. Hoy vivo presintiendo la amargura que sé, va a retorcerme el estómago cuando me vea como nunca te pude ver; rodeado de las risas más honestas y el gozo más inocente. Tal vez es mi memoria, quisiera tener recuerdos más vívidos de mis primeros años, así podría explicarme porque nunca pude cansarme más allá de mis palabras. Quisiera que vieras el tiempo que queda en mi y en los otros como yo, que entendieras que nunca es tarde para entender. Quisiera si, pero porque niego. ¿Voy a tener tu dicha?, ¿es dicha la de haber tenido siempre otra oportunidad de lastimar? A nadie más desee para ser sabio. A nadie más vi equivocarse tanto.

MC urban story

Hace unos días estaba solo (bah, consciente) en la oficina, y el hambre coincidió justo con la hora del almuerzo, establecida por costumbres que nada tienen que ver con mi trabajo. Tenía en mi billetera unos cupones de "descuento" para comprar comida que califica como mala y cara, sabiendo que "mala" envolvía "adictiva" e "insalubre", me encaminé hacia una (entre miles) de esas franquicias de comida chatarra, fui a la más cercana para no contradecir el espíritu sedentario.

Después de haber esperado un rato entre el tumulto, el ruido y el peligro latente de ser golpeado en las partes nobles por alguno de esos niños eufóricos que corren y gritan desmesuradamente, fui atendido por una joven de ensayados modales y use uno de mis "2x1".

Cuando salí ya estaba enojado conmigo (cada día practico más ésta habilidad), no puedo enojarme con los que engañan y abusan de su capacidad de insertar ideas falsas si yo mismo dejo la puerta abierta a mi cerebro. Pensaba que pagar $17 por un medio-almuerzo (que se supone es doble) me hacía ingenuo, sobre todo porque en un bar de ahí cerca tenía comida, bebida y postre por el mismo precio, pero claro... no viene dentro de una cajita de cartón y la carne no viaja en avión antes de llegar a mí.

En fin, iba caminando entre la gente, con una expresión que mostraba mi frustración: ¿tanto por tan poca cosa?, si, sobretodo porque todavía no había probado bocado por miedo a hacer más real mi enojo.

Sin ver solución a mi problema, al pasar por la entrada a una de esas galerías que solo ofrecen frivolidad, escuché una voz débil, más débil que actuada, débil desde el fondo, con desesperación. Bajé la mirada y vi sentada a una madre joven amamantando a su bebé, en plena calle, ante un público frío, distante y deshumanizado.

Por un momento creí ser una cápsula más de polvo estelar, inerte, incapaz de hacer nada por nadie, pero unos 15 metros después me dí cuenta que yo puedo, como todos podemos, elegir cambiar la realidad, y que hacerlo puede ser bueno o malo para muchos simultáneamente.

Volví y le pregunté a la madre si había almorzado, como era obvio, dijo que no; entonces saque de mi bolsa de cartón la mitad (solo la mitad) de mi comida y se la ofrecí, como era obvio, la aceptó. Caminé otros 15 metros y volví a volver, ésta vez para ofrecer condimentos tal y como lo hizo la chica de gorra hacía un rato.

Lo cierto es que, mientras caminaba y comía mi cuarta-parte-de-colación, me regocijaba pensando que un almuerzo para dos personas por $17 era una ganga, no importa cuanta comida siempre y cuando sea alimento para una consciencia o un estómago vacío.

Gris optimista

Hoy, desperté y vi un tétrico gris asfalto, sin vida, pintado en el día. Me alisté, guardé mis mágicos anteojos negros en la mochila, deseando poder usarlos, y me fui.

Al volver el sol me quemaba los ojos, pero no quise protegerlos, quise disfrutar lo que había logrado, gozar la duda: ¿habré sido yo?...

Realismo cronico

Estoy enojado conmigo, resulta que como muchas veces en mi vida, experimento un vacío emocional debido a ésta pecera anti-natural que tenemos por sistema social, en el que entramos al nacer y salimos al morir muchas veces sin comprenderlo.
Vivimos en un caos al que llamamos orden. Caminamos muchas horas sin rumbo propio, y regidos por la misma fuerza, consumimos.
Hoy, me sentí seducido por el materialismo, salí al exterior al que muchas veces eludo por ansiedad o miedo a quien sabe que, en busca de llenar ese vacío infinito. Crédulo, ilusionado.
Suerte la de mi conciencia el tener tiempo para hacerme entrar en razón, se nota que no soy el último hombre hueco en esta ciudad, país, continente. No pude suplir mi "necesidad".
Por varias horas estuve angustiado, pensando si era mi destino ser infeliz solo por no tener todo lo que deseo. Al ver mi propia angustia me dí cuenta que mi vacío era ahora un problema secundario. Fue entonces cuando entendí...
Como un Budha minimizado, en un mundo donde solo vale lo que se puede vender, tomé conciencia que estaba ante mi la tercera de las cuatro verdades.

Para curarme opté por escribir. Ya mas tranquilo pienso; ¿por qué nos cuesta tanto ver que el vacío no está en nosotros, sino en la pecera?. Es un monstruo que alimentamos y engordamos sin saber para que.
¿A donde vamos?, ¿por qué estamos acá?; son preguntas que podemos hacernos sin pensar en el universo, solo con aplicarlas al nuestro pequeño planeta alcanza para no entender. Solo es caos, ordenado por mentes que miden el tiempo en función de la vida de sus cuerpos, y determinan el valor por la cantidad.


¿Lo bueno? Ya no estoy vacío, triste o enojado...
¿Lo malo? Se que lo voy a volver a estar...

Sintiendome inmortal

Hoy, después de algunas horas, después de superar el desborde emocional... Hoy me siento inmortal, al ver reflejados mis ojos, siendo consiente de mis pocos años de vida. Ahora, después de tanto tiempo, me siento otra vez en armonía con todos los matices de la sinfonía que conforman el mundo y mis formas de verlo.

Después de haber dicho tanto, después de haber pensado, acertado y errado tanto; comienza mi prueba, la verdadera riqueza está conmigo, el exilio de la inexistencia.

Bienvenido a mi mundo Bruno, hijo mío...